Fricciones, roces y lubricación

Reímos juntos, peleamos juntos

Hacía frío porque era junio, pero la temperatura en la sala de reuniones era bastante alta. Una ejecutiva de cuentas, una planificadora de medios, un director creativo y un redactor discutían los cambios de un cliente a una campaña.

—Eres demasiado terco.
—No, no se me deja libertad de acción.
—¿Por qué no leen los briefs?
—Los leemos, pero después sería mejor que les entreguemos un comunicado…
—No te hagas a la víctima…
—Es la verdad. No aceptan nada creativo.
—Bueno, ¿lo van a tener para las cinco o no?
—Si es un comunicado de prensa, sentate a mi lado, lo acabo en cinco minutos.

Cinco minutos después, estos cuatro personajes dejaban la sala de reuniones. Uno de los fieros interlocutores, encendiendo un cigarrillo, le preguntaba a otra de las participantes:
—¿Cómo está tu wawa?
—Una belleza. Más bien ven este sábado a la casa porque es su cumpleaños, vamos a comer unas salteñas.

Es decir, cinco minutos después de estarse sacando los ojos, dos de estos personajes tenían la capacidad de acercarse como amigos y quedar para un acontecimiento casi familiar. Este pasaje, palabras más o menos, es completamente real pero no siempre posible en un entorno laboral como el de hoy, en el que muchas veces nos encontramos con personas incapaces de diferenciar lo profesional de lo personal. Así es, en una sociedad y una época que dice apreciar mucho la honestidad, este valor puede traernos problemas si abusamos de él. Es simple, a muchos no les gusta escuchar la verdad y muchos no saben cómo expresarla.

Conflictos en el trabajo existen tanto como amistades en la oficina y ambas son cosas de lo más normal. Lo que es cada vez más difícil para muchas personas es poder separar unos de otros, más aún cuando se trabaja con valores subjetivos como la percepción, como se da el caso en las áreas de marketing y publicidad: lo que a unos le gusta puede no calzar con la estética de otros, lo que para unos es una verdad indiscutible puede resultar muy subjetivo para otros.

Muy pocos se animarán a discutir sobre una contabilidad que no cierra o sobre una fórmula que no sale. Peor aún, nadie discutiría el diagnóstico de un doctor salvo que se realice una consulta a otro profesional del área para pedir una segunda opinión. Pero en publicidad todos son expertos y es uno de los bemoles con los que debe lidiar quien trabaje en estas disciplinas: cualquiera puede ver una pieza publicitaria, revisar una estrategia y dar una opinión que sonará más autorizada dependiendo de su energía. Por la naturaleza subjetiva de los valores que se manejan en estas áreas, además, es que la labor de negociación se convierte en todo un arte, por lo que las virtudes de un buen vendedor, de un buen diplomático o de lo que llamamos una persona “entradora” son muy apreciadas.

Es algo muy normal la fricción laboral, considerando el universo de factores que hacen al carácter de una persona y poniendo de forma aleatoria estos en un ambiente laboral. Imagine lo difícil que es lograr que dos o más personas se pongan de acuerdo en algo. Pero ante ello, nada como la lubricación social: modos de tratar con las personas, negociar con ellas y liderarlas que conduzcan a un entorno donde las ideas se reproduzcan libremente, que es el objetivo de una empresa creativa.

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