Una vida menos ordinaria

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Te amo y te odio. Ha pasado el tiempo y me has quitado muchas noches de sueño, me has hecho sentir varias veces la áspera sensación de la bronca seca en la boca, me has puesto los nervios de punta por llenarme de puchos, pizza y café. Joder, hasta has socavado mi salud. Y pese a ello, me has regalado experiencias cumbre y me has hecho sentir único; me has llevado a ver mi país y el mundo y me has presentado en el camino a grandes amigos. He conocido gracias a ti a maestros notables y me has hecho entender de lo que son capaces los miserables. De cada cliente, cada ejecutiva, cada proveedor, me has mostrado lo mejor y lo peor de lo que es capaz la conducta humana, lo diversos y a la vez lo únicos que somos. Al final de cada recorrido, tenía más arrugas pero me sentía más joven de corazón.Cada noche frente a la hoja en blanco con el minutero amenazándome. Cada presentación esperando la reacción del cliente, cada fin de rodaje entre aplausos. Todas las veces que no hallábamos un concepto digno, mientras me quejaba de que podía haber estudiado algo que me permita calentar el asiento para irme temprano a llevar un existir más ortodoxo, pensaba que una de esas noches lo iba a tirar todo por la ventana. Por la misma ventana iba a volver, después de cancelar compromisos, de dejar plantadas a citas, de llamar diciendo “no voy a poder, vayan sin m픓lo siento amor, en otra será”, iba a tomar el lápiz o abrir el Text Edit e iba a comenzar otro sueño de Cannes, de Ojo, de Fiap, o finalmente de gerente de marketing que cambia la cara de Excel por una sonrisa en Pantone 871C. O por un cheque, ya que estamos.
Es un trabajo jodido este de contar historias para vender cositas. Cada día es un reto, y las satisfacciones las vamos hallando en el camino. Pero alguien tenía que hacerlo. Porque el peor día en una agencia de publicidad sigue siendo mejor que el mejor día en un banco. Alguien tenía que vivir una vida menos ordinaria.Feliz día publicistas. Here’s to the crazy ones: